Fernando Sánchez
Terapeuta de base, su investigación parte de los conocimientos de la acupuntura, la homeopatía, la terapia floral, la psicología, la PNL, el EMDR… técnicas que, tal como él mismo explica, le han dado una visión muy integradora de la salud. Una visión integradora porque contempla muchas aproximaciones diferentes a la hora de resolver un problema.
Pero, aparte de su inquietud terapéutica, también tiene una vocación tecnológica: su interés por la biofísica le llevó a viajar con frecuencia a Rusia durante algunos años. Allí colaboró con Konstantin Korotkov en el diseño y la distribución de la cámara de visualización por descarga de gas (Bio-Well), una tecnología muy innovadora para visualizar la energía humana.
Más tarde, y una vez de regreso a España, él mismo se enfocaría en el diseño de otro aparato: el biofotón, su creación individual y una gran herramienta terapéutica, hoy a cargo de la empresa Biocomlux.
El biofotón es un emisor de luz que permite reproducir un total de 70 frecuencias.
La mayoría de estas frecuencias corresponden a elementos de la naturaleza que han sido codificados en un código binario gracias a la tecnología existente.
Otro pequeño grupo está formado por las 7 constantes biológicas que descubrió el Dr. Paul Nogier en los años 70.
Y otro pequeño grupo está formado por las frecuencias intrínsecas de los chakras y los meridianos, lo cual permite efectuar correcciones sobre estos elementos del sistema energético.
Mi formación con Fernando ha durado algunos años: desde que empezó a impartirla hasta que dejó de hacerlo, y sobre todo tengo dos cosas que decir al respecto:
—Agradecerle la falta de prejuicios al abordar conjuntamente tecnología, psicología y espiritualidad, algo que para mí fue el inicio de un camino a seguir.
—Agradecerle también el diseño de su formación avanzada, donde demostró ser una persona de convicciones: la formación estaba organizada con pocos recursos, de manera no lucrativa, involucrando a una red de colaboradores desinteresados, y donde los usuarios más experimentados enseñaban a los nuevos. Se ofrecía una gran riqueza de temas y visiones, y fue como un oasis en medio de propuestas más agresivas.
Para mí fue un placer y un honor que, llegado el momento, quisiera contar conmigo para contribuir como docente.